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Cuando en una relación de amor la intimidad se vuelve aburrida

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Cuando en una relación de amor la intimidad se vuelve aburrida

Para algunos las mejores relaciones íntimas son las extramaritales, no es raro que se tenga un excelente encuentro con alguien que no se ama

Por: The New York Times

Para algunos es difícil integrar el amor y el deseo dentro de la misma relación y Freud aseguraba que a menudo la gente separa las relaciones íntimas y el amor. The New York Times habla del tema en Cuando las mejores relaciones sexuales son extramaritales:

Recibí un correo de voz de una mujer de cuarenta y tantos años llamada Cynthia, quien me pedía una sesión de noche porque trabajaba hasta tarde en un bufete de abogados. Decía que yo era uno de los pocos terapeutas que había encontrado en Google con la experiencia necesaria para ayudarla.

He notado que cuando posibles pacientes me buscan en Google, encuentran mi perfil de profesor universitario, donde aparece como uno de mis intereses de investigación la psicología de la infidelidad. También encuentran un video corto en YouTube en el que me entrevistaron para un documental sobre el mismo tema. Gracias a Google, cada vez tengo más pacientes que buscan a alguien que consideran un experto en infidelidad.

La infidelidad puede ser muy tentadora. Foto: Unsplash



Cynthia estaba casada con un exitoso ingeniero en informática, con quien tenía dos hijos pequeños. Ella y su marido eran profesionales ocupados y pasaban todo su tiempo libre criando a sus hijos. Ya casi nunca tenían conversaciones personales. Cynthia me dijo que la vida sexual entre ellos nunca había sido emocionante. Me contó que antes pensaba que el sexo mediocre no le importaba, ya que su esposo seguía siendo cariñoso con sus hijos y con ella.

Cynthia jamás se había visto a sí misma como el tipo de persona que tendría una aventura…hasta que conoció a Neal, un colega del bufete, también casado y padre de familia, con quien salía a comer. Conforme fueron conociéndose, comenzaron a sentir algo, hasta que se hicieron más que amigos. Resultaron ser las mejores relaciones sexuales de la vida de Cynthia, y se enamoraron.

Ninguno de los dos quería separarse de su familia. Cada uno sentía que “amaba” a su cónyuge aunque ya no estuvieran “enamorados” de ellos. Cynthia y Neal llegaron al acuerdo de que dejarían que la aventura siguiera su curso hasta que algún día cada quien tomara su propio camino. Sintiéndose confundida y terriblemente culpable por su doble vida, Cynthia esperaba ansiosa el momento en que la aventura terminara y ella pudiera dejar el engaño.

Fuerte atracción. Foto: Freepik


Un día Cynthia llegó al trabajo y se encontró con la noticia de que Neal se había desplomado mientras hacía ejercicio en una caminadora y había muerto de un infarto. Estaba terriblemente impactada. Tenía ganas de llorar sin control, pero no podía, pues mostrar su dolor podría revelar la aventura.

Pasaron los meses y el dolor de Cynthia no disminuía. Había perdido al amor de su vida y creía que su desolación no la abandonaría nunca. Sentía que debía contarle lo que sentía a alguien y concluyó que sólo un psicoterapeuta podría mostrarse comprensivo hacia su situación. Fue entonces cuando acudió a mí.

Al principio mi trabajo parecía claro: ayudar a Cynthia a superar un duelo que no podía compartir con nadie más. Sin embargo, al pasar los meses me di cuenta que me sentía extrañamente molesto. Mientras más me contaba Cynthia sobre Neal, más me desagradaba éste. Era un mujeriego compulsivo. La culpa y la confusión de Cynthia lo tenían sin cuidado. Defendía el discurso de que todos los casados mienten, de que mentir es la llave de la felicidad marital. Hacía que Cynthia sintiera que su aprensión era inmadura, moralista y anticuada. Sostenía que la infidelidad era la única forma de compensar el aburrimiento sexual que siempre llegaba en una relación de largo plazo.

Lo prohibido es muy deseado. Foto: Unsplash



Cynthia no se creía por completo los argumentos de Neal, pero la hacían dudar lo suficiente como para justificar su comportamiento. Tal vez su culpa sí era irracional, pensaba, y debía disfrutar la situación esperando que no la descubrieran.

Freud aseguraba que a menudo la gente separa el sexo y el amor. No es raro que puedan tenerse excelentes relaciones sexuales con alguien por el que no se siente cariño, ni una relación de amor y confianza con alguien con quien el sexo es aburrido. Algunas investigaciones recientes muestran que para las personas con un alto grado de narcisismo, como Neal, integrar el amor y el deseo sexual en una misma relación es difícil. Lo mismo pasa con personas que, como Cynthia, tienen un “apego renuente”: no toleran la vulnerabilidad que implica la intimidad con alguien de quien dependen, por lo que establecen una distancia que los proteja de su pareja.

Desde un enfoque freudiano tradicional de la psicoterapia, no habría expresado mis sentimientos negativos hacia Neal. No obstante desde los enfoques más nuevos, más “relacionales”, con los que concuerdo, se cree que manifestar lo que realmente se siente es terapéutico porque crea una relación más honesta y auténtica entre el terapeuta y el paciente. Así que compartí con Cynthia lo que pensaba: Neal parecía ser poco empático, a pesar de sus encantos; en cambio, su esposo parecía leal y solidario.

Muchos han investigado la psicología de la infidelidad. Foto: Unsplash

Cynthia reaccionó a la defensiva. Yo estaba siendo injusto con Neal, según ella. Él era una persona muy especial, insistía en que había estado atrapado en un matrimonio con una “bruja”. Le pedí a Cynthia que considerara la posibilidad de que la esposa de Neal se hubiera convertido en una “bruja” a partir de tener que soportar, con el afán de mantener unida a su familia, el comportamiento de Don Juan de su marido.

Cynthia se detuvo. Después de unos segundos, un dejo de tristeza apareció en su rostro. Entonces admitió que era posible que su propio cónyuge, como la de Neal, hubiera intuido que ellos tenían una aventura. Recordó que, de hecho, hacía poco su esposo le había hecho un comentario, como salido de la nada, acerca de que él entendería que ella tuviera una aventura, dado lo poco interesante que era su vida íntima.

Muchas personas tienen aventuras según las estadísticas. Foto: Unsplash


En un instante Cynthia pudo ver a su esposo con nuevos ojos, como el hombre amoroso y compasivo que era. En lugar de confrontarla y acusarla con enojo, le dejó ver sutilmente que estaba enterado de su aventura, expresó su comprensión de la causa por la que habría podido pasar, y quedó en espera de que ella diera el siguiente paso. ¿Habría sido Neal capaz de mostrar ese control, esa generosidad y ese cariño?

Cynthia decidió preguntarle a su marido si la acompañaría a una terapia de pareja (con otro terapeuta) para tratar de mejorar su vida sexual. Él aceptó, y cuando el tema de la terapia de Cynthia cambió de Neal a mejorar la intimidad en su matrimonio, el trabajo sobre el duelo de su amante terminó.

¿Qué se hace cuando las mejores relaciones sexuales que se han tenido en la vida son extramaritales, pero se busca la seguridad emocional de una relación larga y estable con alguien a quien se ama y en quien se confía? A lo largo de los años, he trabajado con unas cuantas parejas que han logrado que un matrimonio abierto (donde ambas partes acuerdan tener relaciones sexuales fuera de su unión) funcione, pero la mayoría de las personas, incluso aquellas que piensan que les gustaría tener un acuerdo así, son demasiado inseguras y celosas como para hacerlo.

Tuve un paciente, monógamo convencido que llevaba mucho tiempo casado, que entró en shock cuando descubrió que sus padres eran swingers. No le gustaba pensar en la vida sexual de sus padres en general, y en especial no le gustaba imaginar a su madre teniendo relaciones sexuales con un hombre que no fuera su padre. Freud aseguraba que los niños son criaturas emocionalmente posesivas y celosas, a quienes no les gusta compartir el amor de sus padres con nadie más.

Como terapeuta, trato de tener un criterio amplio acerca de compartir a la pareja, pero cuando se trata de nuestros propios cónyuges, parece que la mayoría de las personas nunca superamos el ser esencialmente infantiles en términos de la posesión de nuestra pareja. En el mejor de los casos aprendemos a no hacer cosas que harían sentir celosos e inseguros a nuestros cónyuges, a pesar de las tentaciones, y cuando ellos provocan nuestros celos tratamos de controlar la hostilidad, a pesar de nuestro dolor.

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