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El grave error de elegir algo que no te hace feliz

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Confesiones

El grave error de elegir algo que no te hace feliz

Bajo el título de terremoto Juan Tonelli describe como a veces el no confiar en uno mismo hace que tengamos miedo y vayamos por la vida haciendo cosas que no nos hace feliz

Por: Juan Tonelli

La historia que cuenta Juan Tonelli, se basa en ese miedo a elegir correctamente lo que realmente nos haga feliz. Una mujer a punto de entrar a la escucela de periodismo se da cuenta que esa no era su gran pasión. ¿Eligio correctamente?. Atévete a leer esta interesante historia.

Defender lo que realmente nos hace feliz, eso es lo que verdaderamente debe importar en la vida.  Sólo una cosa vuelve imposible un sueño: el miedo a fracasar. (Paulo Coelho).

Los miedos paralizan lo que verdaderamente importan. Foto: Pixabay

Eran las nueve de la mañana. La oficina de matriculación acababa de abrir. Los empleados bromeaban entre sí mientras tomaban el primer café. Sabían que el día sería largo, se abrían las inscripciones para la carrera de periodismo y ya habían visto, al ingresar, la fila que se había armado. Sabían que había dos picos de horario, por la mañana temprano y a última hora de la tarde, cuando la mayoría de los aspirantes salían del trabajo.

Una muchacha alta y muy hermosa, con cara de pocos amigos, estaba segunda. Parecía impaciente. Marta la observaba. Detrás del chico que estaba atendiendo, notó que la chica se ponía las manos en los bolsillos, se daba vuelta mirando la puerta, se agachaba para buscar algo en su mochila. De sólo verla se moría de la impaciencia. ¿Qué le sucedería?

Por fin le tocó el turno.

—¿Nombre?

—Silvana… Silvana Iglesias.

—Fecha de nacimiento.

—Mire… voy a hacer otro trámite antes y vuelvo enseguida.

Marta, mirándola por encima de los anteojos, le dijo:

—Pero te llevará sólo cinco minutos inscribirte.

—Es que… me surgió algo importante.

—¿Un terremoto? —Marta sonrió para que la chica se diera cuenta de que estaba bromeando, pero al parecer no se enteró. La miró con los ojos muy abiertos y, casi al borde de las lágrimas, dio media vuelta y se fue corriendo.

Marta suspiró, se iba a quedar con la duda para toda su vida. ¿Qué le habrá sucedido a esa chica?.

Qué papelón. Quedé como una tonta, pero mejor quedar como una tonta que inscribirme en algo que no quiero… Había elegido periodismo sólo por miedo.

Desde chiquita soñaba con ser actriz más que cualquier cosa en la vida. La actuación era mi felicidad, pero sabía que poder vivir de eso era dificilísimo y que muy pocos lo conseguían.

Actuar es mi pasión, pero también quiero formar una familia, y tener un buen estilo de vida, y eso con la actuación no es posible.

Parada frente a la ventanilla, mientras esa mujer me miraba por encima de sus anteojos, entendí que no podía hacerlo, no podía traicionarme, que tenía que poner todas las fichas en lo que era mi verdadera vocación, y si no salía, bueno, al menos lo había intentado.

Salí corriendo de la facultad y me fui al conservatorio. Había sido un terremoto, como dijo esa señora. Pude darme cuenta de que la primera que cerraba la puerta de la actuación era yo y que lo que me estaba moviendo a inscribirme en algo que no era lo mío, era sólo el miedo a jugarme por lo que soñaba.

Para no sufrir en el futuro, sufría ahora. ¿Pero qué me garantizaba que ese sufrimiento no duraría toda la vida? Me di cuenta de que, por más que queramos, no podemos vacunarnos contra el dolor. No se puede. Tenemos que transitar nuestro camino.

No me importa si no gano suficiente dinero con la actuación. No ser destacada me va a doler, pero no me voy a morir. Quiero sumergirme en el mundo que me interesa. Después de todo, creo que es mejor morir de hambre que de tristeza.

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