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El miedo paraliza o moviliza tu vida

El miedo paraliza o moviliza tu vidaPixabay

Confesiones

El miedo paraliza o moviliza tu vida

La reflexión sobre el miedo es presentada a través de una historia entre leones y aborigénes, ¿quien de los dos se paraliza?

Por: Juan Tonelli

El escritor latinoamericano Juan Tonelli trae una historia que invita a la reflexión sobre el miedo que sentimos pero que también otros sienten, tal vez más o menos, pero todos pasan por esa sensación. 

En un increíble documental de la BBC, tres aborígenes africanos muertos de hambre deciden robarles la comida a quince leones hambrientos. La técnica es simple y escalofriante: los hombres se paran uno al lado del otro, y cuando el líder da la orden, empiezan a caminar a paso firme hacia donde las quince bestias se están devorando un antílope.

El paso es el justo. Ni despacio, para evitar que los leones perciban duda y los ataquen, ni tan rápido para que los animales no se sientan acorralados y atinen a defenderse. Cualquiera de los dos escenarios que conducen a la confrontación tendría un claro resultado: tres hombres de cincuenta kilos cada uno y desarmados, frente a quince leones de cuatrocientos kilos.

A los pocos instantes de la marcha hacia los animales, un león deja de comer y levanta la cabeza porque percibe algo. Efectivamente, están bajo amenaza, ya que tres seres se dirigen inequívocamente hacia ellos. Algún otro león percibe lo mismo y en cuestión de instantes todos están al tanto del riesgo, observando a los tres hombres que están viniendo hacia ellos.

Para los animales todo es confusión y angustia. Súbitamente, un león toma la decisión de huir. El miedo es contagioso y en un par de segundos todos los demás huyen y se refugian en un monte de árboles cercano.

Los aborígenes se paran frente a la presa, le cortan una pierna, la cargan en la espalda, y se retiran a la misma velocidad con la que llegaron.

Cuando los leones ven que los ladrones ya están lejos, se acercan rápidamente a su presa, la agarran, y la arrastran a un lugar más seguro, donde no estén expuestos a este tipo de amenazas.

Durante mucho tiempo hubiera dado cualquier cosa por no sentir miedo. Esa emoción intensa, persistente, molesta, interfería en mis planes. A su vez, estaba convencido de que el miedo era algo que sentían los débiles, cobardes y maricones. En mi vida no podía haber lugar para esa flojedad.

Sin embargo, al ser incapaz de hacerlo desaparecer, sólo me quedó negarlo y reprimirlo. Las consecuencias fueron mucho peores.

Alguien dijo que el miedo era sólo información. Como una alarma que nos avisa del peligro. Claro que si al molestarme el ruido desconecto los cables para que no suene y no me perturbe el problema será peor. La casa seguirá quemándose y yo, aunque ya no esté incomodado por el ruido, seguiré angustiado sabiendo que un proceso negativo sigue su curso sin que yo intervenga.

Observando a los aborígenes iniciar su caminata dramática hacia los leones, aparece una pregunta clave: ¿sentirán miedo?

La respuesta es obvia. Es imposible que tres personas de­sarmadas y desnutridas no sientan mucho miedo al exponerse a quince leones.

Sin embargo, ellos no esperan no sentir miedo, porque eso no va a suceder nunca. Sólo toman la determinación de, aun sintiéndolo, seguir caminando.

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