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Miedos que hacen que un hombre se sienta feliz en su jaula

Miedos que hacen que un hombre se sienta feliz en su jaulaPixabay

Confesiones

Miedos que hacen que un hombre se sienta feliz en su jaula

La pluma de Juan Tonelli presenta una reflexión sobre lo que significa estar en la zona de confort, el no salir de la jaula en donde la libertad no se ve por ningún lado

Por: Juan Tonelli

Cuanta verdad vierte el escritor Juan Tonelli en esta historia, donde explica a perfección la manera en como aquellos que se sienten que estar encerrados en su mundo de conformidad es lo mejor que les puede suceder, tienen miedo pensar que pudieran estar libre. 

En su libro Ansiedad por el estatus, el filósofo suizo Alain de Botton cuenta que cuando cayó el muro de Berlín todos los berlineses orientales estaban muy contentos. Pero pasada la euforia inicial, las consultas psiquiátricas se dispararon, a la par de los niveles de ansiedad de buena parte de la población, que crecían día a día. ¿Qué había sucedido?.

Las jaulas mentales nunca son buenas. Foto: Pixabay

El sistema comunista garantizaba una estabilidad. Nadie iba a destacarse, pero nadie tampoco se caería del sistema. De Botton puso el dedo en la llaga: “A partir de la caída del muro, los berlineses descubren que el vecino puede volverse millonario o exitoso de la noche a la mañana, y automáticamente yo paso a sentirme un infeliz. Antes estaba protegido por la mediocridad. Cuando apareció la competencia, que es una hija de la libertad, todo entró en crisis...”.

A veces, como los canarios, llegamos a la conclusión de que vivir en una jaula, después de todo, no es tan malo. Tenemos un dueño que nos garantiza la comida, nos cuida del frío y del sol y, sobre todo, de los amenazantes gatos. Los barrotes nos protegen de sus fauces y zarpazos.

Es comprensible. Solemos tener miedos tan intensos que optamos por quedarnos en la jaula. Nos convencemos de que la vida ahí no es tan mala, de que lo importante son los equilibrios, y de muchas otras ideas engañosas que sólo nos mantienen esclavos.

Anestesiados, no advertimos el alto costo de esa situación. Esos mismos barrotes nos impiden conocer paisajes nuevos, ver todo desde otros ángulos, surcar otros cielos.

Y sin embargo, es lo que nos pasa a todos. No podemos dejar un trabajo o un matrimonio que no nos gusta por miedo. Miedo a la libertad. Compramos nuestra seguridad con sangre, o para ser más precisos, con nuestra vida.

La seguridad nos sale carísima.

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