Confesiones

Una mujer exquisita NO es la que más hombres tiene a sus pies

Ni la talla de tu sostén, ni los centímetros de tu cintura o estatura te definen, no todos los hombres merecen o saben lo que verdaderemente es una mujer exquisita. 

Por María Encinas

- 26/09/2020 11:45

Una mujer exquisita NO es la que más hombres tiene a sus pies - null (Unsplash)

No es la talla de sostén, tu estatura, lo ancho de tus caderas lo que te definen, no vales y tampoco menos si no te ves como una super modelo, una mujer exquisita no es la que más hombres tiene a sus pies, sino aquella que sabe elegir al chico correcto. 

Es cierto que no eres perfecta, no tienes el cuerpo ideal como lo han presentado los estereotipos en televisión o en los anuncios publicitarios, pero ¿qué ser humano está libre de defectos?, recuerda que quizá no eres mujer perfecta, pero sí exquisita, y no eres para cualquiera. 

Tú eres una mujer auténtica, de esas que solo se encuentra una vez en la vida, que no tiene a todos los hombres a sus pies, pues eso de nada le vale, solo necesita de uno que complemente su felicidad y eso le basta y sobra para estar plena. 

Puedes ver: Una mujer amada y valorada, entrega la mejor versión de sí misma. 

Una mujer exquisita NO es la que más hombres tiene a sus pies. Foto: Unsplash.

Tú eres una mujer exquisita porque te atreves a ser tú misma, sin importar lo que piensen o digan los demás, arriésgate a no aceptar estándares de aquellos hombres que buscan figuras de Diosas para solo presumir como un trofeo. 

Busca tu propia definición de belleza, cambia lo que creas que está mal, pero no para agradarle o ser aceptada por un hombre, hazlo porque quieres estar y sentirte bien contigo misma, una mujer exquisita no fue creada para que cualquiera las merezca. 

No todos tienen el poder, la mentalidad y la capacidad de tener a su lado o enfrente a una mujer tan exquisita y mucho menos, no todos sabrán comprender la complejidad de su valor como persona, así que no puedes conformarte con cualquier cosa. 

El escritor colombiano Gabriel García Márquez, dejó una hermosa reflexión que toda mujer exquisita debería leer y recordar a diario mientras se mira al espejo, para así no sentirse menos que nadie o pensar que cualquier hombre la merece. 

Si aún no ha pasado el bisturí por tu piel, si no tienes implantes de silicona en alguna parte de tu cuerpo, si los gorditos no te generan trauma, si nunca has sufrido de anorexia, si tu estatura no afecta tu desarrollo personal, si cuando vas a la playa prefieres divertirte en el mar y no estar sobre una toalla durante horas, si crees que la fidelidad sí es posible y la practicas, si sabes cómo se prepara un arroz, si puedes preparar un almuerzo completo, si tu prioridad no es ser rubia a como dé lugar, si no te levantas a las 4:00 a.m. para poder alcanzar a hacerte el blower, si puedes salir con saco de sudadera tranquila a la calle un domingo sin una gota de maquillaje en el rostro... Estás en vía de extinción. ¡Bienvenida, eres una mujer exquisita!

Una mujer exquisita no es aquella que más hombres tiene a sus pies, si no aquella que tiene uno solo que la hace realmente feliz.

Una mujer hermosa no es la más joven, ni la más flaca, ni la que tiene el cutis más terso o el cabello más llamativo, es aquella que con tan solo una franca y abierta sonrisa y un buen consejo puede alegrarte la vida.

Una mujer valiosa no es aquella que tiene más títulos, ni más cargos académicos, es aquella que sacrifica su sueño temporalmente por hacer felices a los demás.

Una mujer exquisita no es la más ardiente (aunque si me preguntan a mí, todas las mujeres son muy ardientes... Los que estamos fuera de foco somos los hombres) sino la que vibra al hacer el amor solamente con el hombre que ama.

Una mujer interesante no es aquella que se siente halagada al ser admirada por su belleza y elegancia, es aquella mujer firme de carácter que puede decir no. 

Y un hombre... Un hombre exquisito es aquel que valora a una mujer así.
Que se siente orgulloso de tenerla como compañera.
Que sabe tocarla como un músico virtuosísimo toca su amado instrumento.
Que lucha a su lado compartiendo todos sus roles, desde lavar platos y atender tripones, hasta devolverle los masajes y cuidados que ella le prodigó antes.

La verdad, compañeros hombres, es que las mujeres en eso de ser muy machas nos llevan gran recorrido.
¡Qué tontos hemos sido -y somos- cuando valoramos el regalo solamente por la vistosidad de su empaque!
¡Tonto y mil veces tonto el hombre que come mi#$a en la calle, teniendo un exquisitito manjar en casa!
 

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