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Reflexión sobre carta a la amante

Reflexión sobre carta a la amantePixabay

Confesiones

"No te enojes con la amante de tu esposo"

"Culpar al amante de nuestra pareja es lo más fácil. Nos la agarramos con el más débil". Dice Tonelli en su reflexión

Por: Juan Tonelli

En la columna de hoy, el escritor Juan Tonelli, realiza una reflexión sobre una de las cartas que más ha repercutido en nuestra plataforma titulada "Carta a la amante de mi esposo". si la quieres leer para y saber de que se trata para poder entender las peculiaridades que describe el experto. 

El valor de una mujer que da rienda suelta a la tinta y decide expresar algunas cosas importantes a la amante de su esposo y de cómo esta parece estar muy segura de lo que dice y de cómo se lo dice. Tonelli reflexiona y dice: "Nos educaron que el amor debe durar toda la vida y ser fiel". 

Una vez le pregunté a uno de los mejores terapeutas del país, qué porcentaje de sus pacientes eran infieles. Después de pensar unos instantes, me dijo:

La infidelidad es uno de los brotes mas dolorosos en una relación. Foto: Pixabay

-A los cuarenta años, te diría que el 100% de los hombres.

-¿Y las mujeres?

-El 60%...pero no estoy seguro que el 40% restante me esté diciendo la verdad.

Sin lugar a dudas pasar por una infidelidad es una experiencia dolorosa. La he vivido de los dos lados del mostrador. Sin embargo, con algunas décadas sobre mis espaldas, aprendí que la raíz de ese dolor no está en la realidad, sino en nuestras ilusiones acerca de cómo debiera ser la realidad.

Nos educaron diciendo que el amor bueno debía ser eterno, y por supuesto fiel. Que la felicidad era como una foto de la revista Hola, con la familia unida, con una linda casa de fondo, y un perro. ¿Pero eso se condice eso con la realidad? La vida no entra en esa foto ni en ninguna. La foto de la revista Hola, es solo eso. Una foto. Un instante. Y probablemente, una apariencia.

El problema es que nosotros tomamos esa foto como parámetro, y cuando la realidad es distinta de ese estándar, nos enojamos, nos frustramos, sufrimos.

¿Será que el futuro este tema de la infidelidad siga siendo causa de sufrimiento?. Foto: Pixabay

Siempre me pregunté cómo era posible que nuestros padres y nuestra cultura nos educara y hasta nos exigiera ese amor perfecto, esa fidelidad, cuando con los años vamos descubriendo que no existe, que rara vez sucede. ¿Para qué lo hicieron? ¿Para hacernos sufrir? Si nadie tiene la coherencia de vivir del modo que nos dicen que debemos vivir; ¿por qué nos educan así?

Soy un convencido que dentro de 20, 50 o 100 años los antropólogos y sociólogos del futuro no podrán comprender porque nuestras generaciones han sufrido tanto, innecesariamente, por un tema como el de la infidelidad. Estoy seguro que les parecerá ridículo, de necios y torturados, que nuestra sociedad y nuestros tiempos nos hiciera creer que debíamos ser fieles.

La vida es larga, imperfecta, y no por eso deja de ser maravillosa. Sufrimos cada vez que la realidad no se ajusta a nuestras ideas. O sueños, o ilusiones. El problema –a mí modo de ver- es que muchas de esas fantasías están completamente alejadas de la realidad.

¿Quién que sea honesto en su corazón puede creer que una pareja de largo plazo puede ser fiel a lo largo de décadas? Seguramente habrá casos, pero serán una minoría, casi insignificante. Uno de los diez mandamientos –escritos hace miles de años- prohíbe desear la mujer del prójimo. Resulta que desear está mal. ¿Quién decide lo que desea? A mi entender, el deseo simplemente ocurre. De ahí a que uno lo persiga o no, es otra cuestión. Pero condenar el deseo…

Empatizo con el dolor de esta lectora porque lo he vivido. Con los años aprendí que no hay que culpar a nadie. Ni a nosotros mismos, ni a nuestra pareja, y mucho menos al tercero. Culpar al amante de nuestra pareja es lo más fácil. Nos la agarramos con el más débil. En todo caso sería más razonable culpar a nuestra pareja, pero así somos los seres humanos. Muchas mujeres y también hombres que hayan leído esta carta y hayan vivido una situación similar, podrán sentirse identificados, conectando con la situación.

Sin embargo, creo que lo más constructivo es comprender qué nos pasó a nosotros, qué le pasó a nuestra pareja, y en función de eso, decidir cómo seguir.

Muchas personas cuando son descubiertas y crean una situación que amenaza esa familia que tanto quieren, se arrepienten de lo que hicieron. No obstante, sus deseos, impulsos, carencias y necesidades afectivas y sexuales los impulsan a seguir siendo infieles. Se plantea entonces un dilema de hierro: reprimir para que la pareja no los abandone, o seguir siendo infiel, en secreto.

¿Cuál es la fórmula entonces?

Eso es algo que cada pareja tendrá que resolver. El tema es tratar de ser sinceros, y a su vez realistas. Sinceros para construir desde la verdad, pero realistas para que se construya desde lo posible, y no desde estándares que la sociedad exige pero rara vez cumple.

Muchas personas infieles mienten porque sienten que su pareja no puede escuchar la verdad. No la toleraría. Me pregunto: ¿qué relación profunda y de intimidad puede tener uno con alguien con quien no podemos mostrarnos como somos?

Hace muchos años, en una encuesta que hice después de una historia que escribí en mi site www.juantonelli.com en la que trataba un tema así, pregunté:

Sobre el final de tu vida, si supieras que tu pareja deseó mucho estar con otras personas; qué preferirías:

-que hubiera reprimido

-que hubiera vivido lo que necesitaba vivir, pero que hubiera elegido seguir conmigo

Para mi tristeza, la mayoría de los encuestados (70%) contestó que preferían que el otro hubiera reprimido. ¿Eso es una buena pareja? ¿Reprimir?

Hace algunos años, en un seminario de espiritualidad que asistí durante un fin de semana, a los participantes nos hicieron realizar un ejercicio interesante. Debíamos realizar cuatro círculos concéntricos. En el más grande y exterior, debíamos colocar todos los nombres de conocidos. En el siguiente, personas que valoráramos, aunque no fueran grandes amigos. En el penúltimo círculo, poner aquellas personas por quienes sentíamos un afecto muy fuerte. Para el final, quedaba el círculo más pequeño, en el que solo teníamos que incluir a aquellas personas con las que teníamos amor incondicional.

Cuando todos nos disponíamos a escribir, quien conducía el taller hizo una aclaración que nos provocó un terremoto.

Ah, una observación. Antes de incluir a alguien en el círculo de amor incondicional piensen bien. Si por ejemplo, la pareja de ustedes no perdonaría la infidelidad, no se trata de amor incondicional, sino de un amor condicionado. Por supuesto que lo mismo aplica para ustedes. Sino la perdonarían, no la incluyan en el primer círculo sino en el segundo…

La mayoría de los asistentes dejaron el primer círculo vacío. No tenían ni una persona con amor incondicional, o si la tenían, no era su pareja. ¿Así es como queremos vivir?

No tengo respuestas ni recomendaciones acerca de cómo vivir la vida, ni tampoco la sexualidad. Pero definitivamente quiero hacer el mayor esfuerzo por comprender a mi pareja –y que me comprenda-, más que ajustarme a parámetros que no sé quién definió, que rara vez se cumplen, y que hacen sentirme frustrado por no alcanzarlos, y me impiden un diálogo sincero.