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Viajero. Fuente:Pixabay

Divorcio

¿Qué siente una persona que deja?

¿Qué pasa por la mente de la persona que decide terminar una relación? ¿Arrepentimiento?, ¿nostalgia? ¿miedo? Aquí la respuesta

Por: Nadxiely Chavez

Viajero. Fuente:(Pixabay)

Viajero. Fuente: | Pixabay

Un tema muy hablado es el de las rupturas amorosas, sin embargo me he dado cuenta de que siempre es tratado desde el punto de vista de la persona abandonada.

Sugerencias para 'sanar'  un corazón roto, maldiciones a esa persona que traicionó, abandonó, huyó. Pero ¿qué es de éste?, ¿qué pasa por la mente de la persona que decidió dar por terminada la relación?.

Cuando nos abandonan lo primero que pasa por nuestra cabeza es preguntarnos si nos extrañan, si desean volver con nosotros o la más dolorosa de todas ¿siente algo por mi?. Todas estas interrogantes no dejan que vivamos en paz, entrando en un ciclo de autodestrucción, y viviendo conforme a los pensamientos o acciones de la persona que decidió marcharse.

Amar a una persona no significa permanecer a su lado. En ocasiones estamos en una relación tóxica, pero seguimos, sin ponernos a pensar que en esos casos es mejor terminar.

Cuando se decide terminar una relación en la cual existió amor, respeto, compromiso y planes en común, la persona que tomó esa decisión, pensó y reflexionó sobre lo que iba a hacer.

Terminar con una relación no es un proceso fácil, a veces no es amor el que nos impide acabar con algo, sino el miedo. El miedo a la soledad, a sentir que la persona que nos quiere ya no estará a nuestro lado y sobre todo el temor a equivocarnos ¿será la decisión correcta?.

Es aquí cuando nos aferramos a la idea de que somos felices en nuestra relación. Hacemos todo lo posible porque nuestro cerebro crea que debemos continuar. Nos ponemos a recordar aquellos momentos maravillosos que pasaste con esa persona.

Y llega el 'efecto Galvani'. ¿Lo conoces?. En este experimento un médico tomaba una rana muerta y le aplicaba un descarga eléctrica, que por un instante se movía como si volviera a estar viva. Lo mismo pasa con las relaciones.

Cuando ya esta muerto le aplicamos una serie de emociones alimentadas por el miedo. Es común que días antes de terminar tu pareja se porte cariñoso (a), atento (a), está siendo víctima del experimento Galvani, descargando sentimientos para revivir lo que ya lleva tiempo muerto.

Las primeras emociones que surgen cuando dejas una relación son: el alivio, la culpa y el miedo. La mejor de todas es el alivio, ya que no sentimos esa pesada carga que significaba tener una relación. Sin embargo la culpa y el miedo no son para nada agradables.

El cerebro empieza a maquilar pensamientos que nos ayuden a creer que en realidad nosotros no somos culpables: sí tu hubieras cambiado, sí me hubieras hecho caso, sí no hubieras hecho tal cosa. 

Aunque no lo creas, la persona que abandona también pasa por una etapa de nostalgia. Echa de menos nuestra presencia, las actividades que realizaba en pareja, los amigos que compartían, en fin todo el contexto, PERO NO LA RELACIÓN EN SÍ.

Y es cuando aparecen las llamadas sorpresa, los mensajes y algunos detalles que hacen parecer que desea regresar; pero sólo es una falsa ilusión. Este tipo de acción es para confirmar su decisión de que todo se ha terminado.

Contrario a lo que se piensa la persona que da por terminada una relación reflexiona su decisión antes de llevarla a cabo, no es algo de improvisto. Sufre el duelo de dar por terminado algo que en su momento fue importante. Extraña las cosas que realizaba en pareja.

Sobre todo se plantea la posibilidad de regresar, de salvar lo que muy en el fondo ambos saben que está perdido. Y en ocasiones se va y regresa por el miedo a la soledad. Y, quien no deseaba que eso terminara, se ve en la necesidad de aceptar con dignidad que esa relación se acabó.Te va a interesar: