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Ella tuvo sexo diario por un año, esto aprendió
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Ella tuvo sexo diario por un año, esto aprendió

Después de vivir todo un año teniendo relaciones íntimas cada día nos confiesa qué fue lo que esto le dejó

Por: Luis Imperial

Foto temática(Freepik)

Foto temática | Freepik

Que las relaciones íntimas se conviertan en algo monótono es un riesgo que todos tememos cuando estamos en una relación de pareja. Es algo que nadie desea que le suceda, que la intimidad se vuelva aburrida, escasa o nula y cada vez resulte menos estimulante.

Con el paso de los años, las responsabilidades laborales, del hogar, los hijos, tantas cosas pueden ir desplazando la lujuria y los deseos carnales, si temes que esto te suceda deberías de conocer el caso de Brittany Gibbons, ella es una autora exitosa en Norteamérica, conocida por haber pasado un año teniendo sexo cada día, ¿Cómo le hace?

Foto temática. Freepik

Brittany siempre hace la aclaración de que no estuvo acostándose con varios hombres, siempre fue con su marido con quien tuvo esta hazaña que describe. Muchas personas también piensan que esto fue como un último recurso para retenerlo y salvar su relación, tampoco fue así.

Todo esto surgió a partir de su inseguridad, poco después de tener su tercer hijo, algo cambió en ella. No quería ver su cuerpo desnudo, se aseguraba de que el sexo fuese siempre a oscuras y esperaba a que su esposo saliera de la habitación para ella poder vestirse.

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Con el tiempo, estas ideas la comenzaron a preocupar “¿Se le habría olvidado a su marido cómo era su cuerpo ?”, se preguntaba. “Hizo falta hablar mucho con mi marido para que se diera cuenta de que no me sintiera sexy no era un ataque contra él”, confiesa en una entrevista a 'The Huffington Post'.

Ella no podía controlar su inseguridad, y cada vez que tenía relaciones se revivía su temor y le causaba ansiedad. Así que luego de mucho llorar y quebrarse la cabeza pensando, se propuso seguir el método que le había recomendado una amiga, la cual ya lo había practicado antes y le había ido nada mal, y forzarse a hacer el amor una vez al día durante un año.

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“Ojalá pudiera decir que fue una decisión bien pensada, pero la verdad es que me preocupaba tanto que mi marido perdiese el interés por mis inseguridades. Creo que ya estaba empezando a ponerse nervioso tras proponerle dormir en camas separadas”, comenta Brittany.

Asegura que fue básicamente el mismo método que había utilizado antes para superar su miedo a comer ostras o conducir sobre nieve: “Hazlo hasta que no te des cuenta de su mal sabor o que no tienes control sobre el vehículo. Hazlo hasta que encuentres tu zona de confort. Hazlo hasta que, de repente, descubras que te encanta”, asegura Brittany.

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Hubo noches al principio, en las que antes de acostarse se acordaba de su compromiso: “Genial, otra obligación más”, pensaba Brittany irónicamente. Pero según pasaban los meses, a partir de lod 90 días para ser concreta, empezó a desearlo con impaciencia, a convertirse en el momento preferido del día".

“El sexo originaba más sexo y pronto dejamos las cuatro paredes del dormitorio: del salón a la lavadora, de la ducha al garaje. Nos volvimos más románticos el uno con el otro, nos tocábamos sin parar, nos besábamos antes de ir al trabajo, y no solo el típico beso familiar", confesó Brittany.

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“Se lo dije a algunos amigos y todos reaccionaron igual: 'Oh, yo nunca podría hacer algo así'. Yo les entiendo, pero también les dije que nunca había aprendido tanto de mi misma como ese año entre las sábanas”.

Después de los primeros seis meses del experimento, por primera vez en su vida, le preocupaba más el sexo que encontrar un ángulo halagador para ocultar los michelines. No obstante, no fue hasta que terminó el año cuando empezó a sentirse de verdad más cómoda, a estar desnuda frente a su marido en un contexto que no fuese el de hacer el amor: “Mi relación con mi cuerpo y mi esposo había cambiado por completo”.

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Hoy, después de años de aquel experimento, ya no hace el amor con su marido cada día. No porque estén hartos el uno del otro, sino porque como bien explica Gibbons, “son humanos, no robots”. Sin embargo, sí ponen en práctica todo lo que aprendieron en aquel año maratónico.

Ellos descubrieron que encontrar el momento idóneo para el sexo es difícil, pero también necesario: “El sexo es lo que nos recuerda que somos más que compañeros de piso con niños a su cargo”.

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Además descubrieron qué necesitan para mantener el matrimonio a flote: “Ya no me asusto si pasamos dos semanas sin sexo, porque hay otras formas de conectar. La intimidad no tiene por qué implicar la penetración. A veces es enrollarse como adolescentes y otras que mi marido me haga un favor. El punto es que se note ese esfuerzo por mostrarle cariño a tu pareja”.

Como moraleja final confiesa que aprendió a ser más egoísta para sentirse bien consigo misma, a saber tomarse su tiempo para ser mejor madre, esposa y mujer. “Tener relaciones con mi esposo no hace que mi matrimonio sea inmune al divorcio, la infidelidad o la angustia, pero si me ayuda a sentirme segura para sobreponerme pase lo que pase”.

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