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El amor prohibido no es aceptado ante la sociedad. Foto: Pixabay

El amor prohibido no es aceptado ante la sociedad. Foto: Pixabay

Romance

Lo que NO debes hacer si tienes un amor prohibido

"Me enseñaron que uno no podía enamorarse de otra persona si estaba en pareja"

Por: Juan Tonelli

Juan Tonelli, escritor argentino del libro, Poder ser: Historias extraordinarias de gente común nos comparte lo que no debes hacer si tenes un amor prohibido. El libro de Juan Tonelli explora los problemas de los seres humanos como,  sexo, miedos, adicciones, esta vez trata el amor prohibido.

“El nombre de una mujer me delata, me duele una mujer en todo el cuerpo.” Estas dos frases de Jorge Luis Borges, con las que termina el tal vez mejor poema de amor, transmiten lo que muchas personas hemos vivido, o tendremos que vivir: un amor prohibido.

Cuando era un niño, y hasta un adolescente, mis padres, la iglesia, mi cultura, me enseñaron que uno no podía enamorarse de otra persona si estaba en pareja. Mucho menos si estaba casado. Eso era algo que hacían las malas personas. Las buenas, las integras como nosotros, no hacían esas cosas. Eso era algo horrible que hacían las personas sin principios, inmorales, o débiles.

Pareja. Foto: Unsplash

Y así fui por la vida, hasta que en un momento se me prendió fuego la teoría. Y la vida.

Como me podía venir a pasar esto justo a mi? Justo a mi! Que estaba en un gran momento! Por que el destino podía ser tan cruel?

Dios es un bromista, diría Al Paciano en “el abogado del diablo”. “Mira pero no toques; toca pero no pruebes; prueba pero no tragues...”

Y todo mi mundo se vino abajo.

Después de muchos años, hoy puedo mirar atrás el proceso y darme cuenta algunas de las cosas muy valiosas que aprendí.

Uno no elige enamorarse. Simplemente, sucede. Como siempre pasa con las mejores cosas de la vida, que son ajenas a nuestros esfuerzos.

Sin embargo, siempre está la proverbial discusión acerca de si uno se puede enamorar de otra persona estando enamorado, o bien con su pareja.

Pasión. Foto: pexels

Cada vez que pregunto esto en mis redes sociales, en una conferencia, o lo escribo en alguna historia, la mitad de la gente se siente aliviada, puede salir de su encierro, de su vergüenza, de su cruz, de su secreto, y descansar por un rato. No estamos tan solos.

La otra mitad se enoja. Están del lado de mis padres, de mi Iglesia, de lo que me enseñaban de niño. Simplemente eso no puede suceder. Es de malas personas. Si les pregunto o quiero sostener un poco la discusión, me doy cuenta que tienen miedo. Mucho miedo. Miedo de que las dejen. O miedo de enamorarse de otra persona y que su pequeño equilibrio, sus pequeñas certezas, su pequeño mundo, se derrumbe. Hoy se que mal que nos pese, la vida no ofrece garantías. Nuestro ser amado se puede estar enamorando de alguien en este preciso momento. O nosotros mismos podemos enamorarnos de alguien esta misma tarde. Aunque estemos “bien” con nuestra pareja. Y eso no hace mala persona a nadie.

En todo caso, lo decisivo, es qué hacemos con eso que nos pasa. En todo caso, el primer consejo -si es que existe tal cosa- para alguien que está atravesando un amor prohibido, es darse tiempo. Aunque se haya podido desatar en un instante, las raíces y necesidades afectivas que lo desencadenaron, se estuvieron desarrollando secretamente durante mucho años.

Consolar a la pareja.
Consolar a la pareja.  Foto: Pexels

Todo amor pone en juego muchas cosas, pero por sobre todo, una: nuestra afectividad. La necesidad de sentirnos amados, valorados, importantes. El más importante, para alguien. Al fin! Eso que soñamos toda la vida y sentimos que nunca nos pasó, al final ocurre. No nos alcanza con ser amados, queremos ser los únicos amados.

En el fragor del amor prohibido conocemos el gozo y el desgarro. El paraíso y el infierno. Y se pasa de un lugar a otro en instantes.

Es importante saber que aunque nos sintamos escindidos, partidos al medio, que nos estamos muriendo... no nos vamos a morir nada. Tenemos que darnos tiempo para procesar emociones, decantar todo ese terremoto existencial. Darnos tiempo para ir detrás de un amor que tal vez sea solo un espejismo, y que cuando nos zambullamos nos golpeemos duramente. Darnos tiempo para comprender que tampoco tenemos que seguir con nuestra pareja por obligación, porque eso no funciona.

Los amores prohibidos pueden ser como un rayo, que parte nuestra existencia en dos; un antes y un después. Pero si somos pacientes, podremos atravesar esa fractura, igual que sana un hueso. Tal vez tome más tiempo.

También aprendí que no se puede luchar contra los amores prohibidos. El primer consejo que le dan los médicos especialistas a una persona que sufre de insomnio es que pare de hacer esfuerzos para dormirse. De la misma forma, a alguien que está viviendo un amor prohibido nunca le diría que lo saque de su cabeza, porque solo lo agigantara. Que conviva con la situación. Que la tolere. Que no quiera resolver algo que no se puede resolver. Quien puede separar la cara o la cruz de una moneda sin destruirla? Son partes de la misma moneda, de la misma forma que ese amor prohibido es parte nuestra.

Cama. Foto: Pixabay

Por último, y tal vez lo más importante, tener mucha compasión y misericordia. Con quienes? Con nuestra pareja que no sabe lo que estamos viviendo y quien puede ser objeto de nuestro enojo, ya que sin proponérselo se convirtió en el obstáculo para que nuestro gran amor (prohibido) sea posible. 

Compasión y misericordia con nuestro amor prohibido, porque también estará en carne viva, sufriendo, conociendo las alturas y los abismos. 

Y compasión, ternura y misericordia con nosotros mismos. No nos juzguemos. No nos condenemos. Perdonemosnos. Tratemosnos con mucha delicadeza, como si nuestro hija nos contara que está atravesando algo así. Que haríamos? Como lo trataríamos? La retaríamos? Le diríamos que es una idiota o le gritaríamos? O le tomaríamos la mano, le enjugaríamos las lagrimas, le daríamos un abrazo largo? Eso es exactamente lo que tenemos que hacer con nosotros mismos.

Darnos tiempo. No juzgar. No querer decidir. No querer erradicarlo. Tolerar la incertidumbre. Tratar a todos y a nosotros mismos con compasión, misericordia y ternura.

 

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