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Recuerda que la forma en la que actuaste estuvo bien, así que no te reprendas Foto: Freepik

Recuerda que la forma en la que actuaste estuvo bien, así que no te reprendas Foto: Freepik

Vida

Estas son las leyes que explican por qué nada es casualidad

Estas son las leyes que explican por qué nada es casualidad, las cuales te ayudarán a vivir en el presente y a fluir en armonía

Por: Laura Trejo

Después de que conozcas estas leyes espirituales de la India, entenderás por qué todo en tu vida, bueno o malo, ha llegado siempre en el momento indicado, y aunque haya sido doloroso, seguramente se presentó para que pudieras aprender algo que no has querido. 

Recuerda que la forma en la que actuaste estuvo bien, así que no te reprendas, si ahora puedes reconocerlo es porque evolucionaste y ese logro debe celebrarse y agradecerse. Estas son las leyes que explican por qué nada es casualidad.

Ten en mente estas leyes todos los días y vive una existencia plena y serena. Sobre el tema será de interés para ti este artículo en donde te decimos cual es tu objeto de poder según tu signo del zodiaco.

Estas son las leyes que explican por qué nada es casualidad
Foto: Freepik

Las leyes que explican por qué nada es casualidad:

Primera ley: La persona que llega es la indicada

Las personas que llegan a nuestra vida son nuestros espejos, nos muestran nuestros errores y reflejan nuestro estado de consciencia.

Cada persona deja algo en nosotras y nosotras en ella. Si esa persona te hace daño, aprende lo que debas, como a cuidarte y protegerte, y aléjate.

Segunda ley: Lo que sucede es lo único que podía suceder

Así es, puesto que el hubiera es una pérdida de energía, como un hoyo negro que se traga lo bueno que puedes sacar de cada situación, así que no caigas en su trampa.

Las situaciones repetitivas, como perder empleos con frecuencia, son llamadas de atención de algo que no has arreglado en ti, así que a trabajar.

Tercera ley: Todo dura hasta que se acaba

Aprender de la naturaleza limitada de las cosas te ayuda a crecer, pues nada es para siempre y todo tiene su final.

Lo que más duele de aquello que acaba es aferrarse a que se quede, pues al final no podrás forzarlo y sólo te desgastarás queriendo que aquello que tanto quieres permanezca, pero nada lo hace, ni si quiera tú, ni si quiera yo.

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