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Ser mamá es más difícil de lo que parece afirman psicólogas.

Ser mamá es más difícil de lo que parece afirman psicólogas.Foto: Pexels

Vida

Ser mamá es más difícil de lo que parece afirman psicólogas

Psicólogas explican los problemas que pueden tener las madres con la crianza de sus hijos

Por: EFE

Ser mamá es más difícil de lo que parece afirman psicólogas. La psicóloga Silvia Álava sobre modelos educativos, adolescencia, vínculos y redes sociales y también con la psicóloga Amaya Prado sobre el desgaste emocional. Según Silvia Álava, en líneas generales cuando los hijos llegan a la adolescencia se produce un salto muy importante.

El hijo deja de ser un niño y es consciente de ello, siente que ya es mayor y lo dice: ” No te necesito y en algunos casos casi me estorbas, no quiero que estés tan metido en mi vida”. 

En ocasiones los adolescentes también tienden a provocar a sus padres, y “aquí es muy importante que los padres utilicen técnicas de pasar o darse media vuelta”. “O en ese tono yo no hablo contigo y cuando estés dispuesto a hablar en un tono más cordial o cortés, por supuesto que lo hablamos” .

Con los adolescentes, defiende la psicóloga Álava, hay que seguir hablando y mucho. Pero “es fundamental elegir el momento en el que vemos que están receptivos, porque a veces lo que hacemos es escoger el momento en el que al adulto le viene bien y ese momento no tiene nada que ver con que el adolescente este receptivo”. 

Ser mamá es más difícil de lo que parece afirman psicólogas. AP

La edad de comienzo de la adolescencia se sitúa entre los 12/ 13 años, es cuando evolutivamente hablando empiezan los cambios en el cuerpo con la pubertad.

“Pero sabemos que el cerebro no termina de madurar hasta los 25 años, entonces hay que ver hasta que punto estamos hablando de hasta donde llega la adolescencia”.

“Sobre todo la zona del lóbulo prefrontal que es la que regula la conducta; y nuestras emociones no maduran hasta esa edad, pero no se puede decir que hasta los 25 se siga siendo adolescente, porque depende mucho de las personas”.

Pero la relación entre madres e hijos, especialmente a partir de la adolescencia va a a estar muy marcada en función del estilo educativo.

Modelos educativos entre madres e hijos

En líneas generales se puede hablar de cuatro modelos educativos: permisivo, autoritario, negligente y democrático.

Permisivo

Las normas y límites no están claros, un día una cosa y otro día otro, y cuando llegan a la adolescencia les faltan normas para saber por donde pueden ir y por donde no, y – apunta Álava- se encuentran con grandes problemas porque no saben por donde ir.

“Cuando la madre juega el papel de amiga, el adolescente va buscando a veces provocar más de la cuenta para encontrar esa madre”.

“Hay que pensar que madre no hay más que una y es algo genial. Eso sí, ejercer de madre implica que hay que ser un poco rollo y un poco pesada”. 

En este estilo, los padres nos están abiertos al diálogo, a conversar sobre como nos sentimos, y cuando llega la adolescencia se produce un efecto rebote que lleva a al hijo a querer saltarse todas las normas impuestas.

Negligente

No se atienden las necesidades emocionales, físicas y educativas de los hijos y cuando llega la adolescencia “pueden surgir bastantes problemas, porque los apegos que se han establecido no son sanos en absoluto”.

Democrático

Este  último modelo es el aconsejado. Las normas y limites están claros, consensuados y pactados, con limites nítidos, pero “abiertos al diálogo y al afecto”. 

“Aún así el adolescente intentará saltarse el límite, y decirle a la madre que es una pesada”.

“Aún así el adolescente intentará saltarse el límite, y decirle a la madre que es una pesada”.

La apertura de un espacio abierto al afecto y a los sentimientos y que se pueda hablar de los mismos “favorece el desarrollo de más habilidades y competencias socioemocionales”.

“Y para hablar de las emociones en familia – incide Álava- hay que hacerlo desde que son pequeños”.

“Lo que no se puede pretender es empezar a hablar de emociones con los hijos solo cuando éstos llegan a la adolescencia”.

El mundo del adolescente se amplia y la familia pasa a un segundo lugar. Lo prioritario son sus amigos, que es con los que hablan de sus cosas.

Opina esta psicóloga que si no se ha generado un espacio en el que hablar sobre emociones y/o preocupaciones a lo largo de la niñez intentar hacerlo en la adolescencia “es un poco utópico”.

“Pero si se ha trabajado bien el apego en la infancia cuando tienen un problema saben que pueden seguir acudiendo a sus padres”.

“Intentar hacerlo de repente en la adolescencia es como muy artificial, hay adolescentes que vienen a consulta y se quejan de que a su padre o madre les ha dado por ser superpadres o madres y preguntarles como están o se sienten cuando no se lo han preguntado en la vida, y justo ahora pues son se lo quieren contar”.

Ser madre: vinculación emocional

Los vínculos emocionales se establecen con las figuras de referencia, el padre y la madre, pero se han estudiado mucho más con las madres, son ellas quienes van a las consultas médicas, las charlas escolares…. Aunque esto está cambiando y cada vez hay más padres implicados.

Y en cuanto a que las relaciones hijas/madres son más tormentosas, opina Álava que depende del carácter de cada una y lo que sucede es que hay choques de personalidades.

“Si bien es verdad que aunque culturalmente vamos cambiando hacia una sociedad mas igualitaria, no se educa igual a un chico que a una chica, y a ellas se las exige más en determinados aspectos”.

“También choca mucho el modelo educativo de las madres, que no es el de las hijas, porque todo ha cambiado, pero lo que hay que entender es que el modelo cambia pero los valores tiene que estar presentes y tienen que ser transversales”. añade Álava.

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